LA VIDA SIN PRISA. TIC-TAC. TIC-TAC...

La vida es un tic-tac que se puede llenar con una redonda, o con dos blancas, o con cuatro... Todo estará bien siempre que sea con algo que merezca la pena y ... sin prisa.

viernes, 7 de julio de 2017

Yo no sufro

Hay que ver qué cosas tienen mis amigos. No hay quien los aguante cuando se ponen a competir para saber cuál de todos ellos ha sufrido más. Me explico: Ayer, como de costumbre cuando hace bueno, nos reunimos a la sombra del árbol de la plaza para dejar pasar el tiempo mientras criticamos a las mujeres en general y a las propias, en particular. Nuestra generación no ha dejado de ser machista, pero nosotros no lo somos... Tampoco somos racistas, ni nada de todas esas cosas que están tan mal vistas. Pero vamos al tema. Pues bien, empezó Luis diciendo que no había podido venir desde hacía varios meses porque le habían tenido que poner siete muelles de esos que ponen ahora en las coronarias para desatascarlas. Que era una cosa como de ciencia ficción. Que lo hacen sin necesidad de operar abriendo el pecho. Que lo hacen metiendo globitos por un cortecito que te hacen en la muñeca, que inflan las arterias obstruidas y colocan luego los muelles que las mantienen abiertas. Al procedimiento ese le llaman cateterismo y que se lo habían hecho en dos veces y que el cardiólogo le había dicho que se había librado de una buena porque tenía bastante taponadas las coronarias y que ya hablaríamos del arreglo de la válvula de la aorta que está calcificada... Aquí comenzó la competición porque Alfredo, harto de lamentos ajenos, decidió comenzar los suyos. - Pues eso no es nada. A mí, me han quitado un tumor bastante chungo de la vejiga, con la consiguiente "quimio" y cistoscopias en quirófano cada 3 meses. Con sus consultas, sus citologías, analíticas, ecografías, uro tac y demás mandangas que me tienen cada dos por tres yendo al hospital. En este punto, Alberto no pudo más e interrumpió dando muestras de no haberse enterado de la gravedad de lo que le contaban Luis y Alfredo. Lo cierto de estas conversaciones es que nadie escucha con atención lo que le dicen. Más bien, cada cual está esperando un hueco para meter su baza. - Yo sí que estoy jodido de las piernas, desde que me pusieron la prótesis en la cadera derecha, no dejo de tener molestias y, lo malo es que la otra cadera también me duele, sobre todo cada vez que doy una mala pisada. Y todo a consecuencia del efecto de los corticoides que me tuve que tomar a mansalva y que me produjeron la necrosis de la cabeza del fémur. Por cierto que llevo mal lo de las revisiones y hace ya tres o cuatro años que tenía que haberme hecho una revisión anual. Fede intervino a cuenta de lo de no hacerse las revisiones periódicas. - Yo, que como sabéis tuve una perforación de intestino que me tuvo con una colostomía casi un año, antes de que me hiciesen la reconstrucción del colon, llevo casi toda la vida sin hacer revisiones, bueno, miento, me hicieron una colonoscopia hace un par de años y creo que no voy a dudar si me mandan hacer otra. - Pues yo -dijo Lorenzo- sólo me he hecho una gastroscopia para revisar la operación de las úlceras sangrantes del estómago y, desde luego, que no vuelvo, porque es una cosa desagradabilísima. - Para desagradable - intervino ahora Pablo -la humillación de cuando me hicieron la vasectomía. Imaginaos la escena de una sala de curas algo cutre en la que estaba yo, de pie, con los pantalones y calzoncillos bajados hasta los zapatos y el médico sentado en un taburete diciéndome que no me quejase que ya me había puesto anestesia. Menos mal que la enfermera le riñó por su desconsideración, diciéndole que ya le gustaría que se lo hiciesen a él: a ver si se quejaba o no. Enrique, que había escuchado atentamente, sin intervenir, nos volvió a repetir por enésima vez aquello de que un técnico de rayos le tuvo desnudo, de pie, sujetando con una mano la bolsa de orina que colgaba de su uretra y, con la otra mano, se agarraba, para no caerse, al palo con ruedas del que pendía el suero que le goteaba por la vía central de su cuello. Todo ello mientras le temblaban las piernas de fiebre y debilidad. Que se había tirado mucho tiempo en la UVI con alucinaciones incluidas. Y que no se le ocurrió otra cosa al técnico de marras que preguntarle si podía levantarse solo de la cama... Y, él que sabía, si venía de verse a sí mismo en la cama. Pero verse literalmente. Flotando por la UVI y viéndolo todo desde el techo. - Para alucinaciones, dijo Manuel - las que yo tuve cuando me dio ese ataque, o lo que fuera de estrés, que me entró una especie de manía persecutoria en la que confundía la realidad con los sueños y con delirios y alucinaciones. Que menos mal que me dio por desnudarme y meterme en la cama sin hacer nada hasta que viniesen a buscarme mis familiares. No sé qué hubiese ocurrido... Tampoco fue fácil la recuperación de la razón y del sueño... El dolor físico produce sufrimiento, pero el miedo, la ansiedad, el pensar que te estás volviendo loco, eso es muy, muy duro. Al oír que algo era muy, muy duro, Rober, que se había mantenido al margen de quejas, nos explicó que la vez que más desamparo sufrió, fue cuando ningún neurocirujano quería hacerse cargo de la operación para biopsiar un posible tumor que tenía y, aún tiene en su cabeza. Esa sensación de estar desahuciado, sin alternativa, ni siquiera para hacer un diagnóstico de lo que te pasa, esa sensación produce mucho sufrimiento. Más sufrimiento que la craneotomía que le hicieron, perforándole el cráneo para obtener una muestra del tumor. El saber que no era algo maligno, supuso un alivio que permitió sobrellevar el tratamiento y sus consecuencias posteriores, porque le permitió aguantar hasta que le hicieron la cirugía gamma-knife. Evaristo no aguantó las palabrejas y cortó el relato, interrumpiendo para decir que ya estaba bien, que se quejaban todos de vicio, que no sabían lo que era sufrir, que él sí que lo sabía bien desde que se había quedado ciego. Que sabían todos ellos de miedos, cuando cualquier ruido de la calle te intranquiliza, cualquier puerta a medio cerrar te abre una brecha en la cabeza, cuando la compasión de la gente se te clava en el alma... cuando la amargura te estrangula corazón y mente, cosa que te hace revolverte contra las personas que más te quieren y mejor cuidan de ti. Cuando dudas de si serás capaz de seguir teniendo ganas de vivir... cuando notas que te va faltando el coraje y te da miedo el abandonar, dejarte llevar y acomodarte... La cosa se estaba poniendo grave, no por las lágrimas que resbalaban por debajo de las gafas oscuras de Evaristo, sino porque nadie se atrevió a decir nada y, a veces un silencio tenso es como un cuchillo. Menos mal que se me ocurrió una chorrada para aliviar la tensión. - Pues, yo no os lo he contado nunca, pero a mí me ha pasado todo lo que habéis contado y, no sufro, porque procuro dedicar el tiempo que me dejan libre las enfermedades para mirar a las chicas guapas que hay por todo el mundo adelante, a probar de todas las comidas que me ofrecen, a contemplar todos los paisajes y leer todos los libros que soy capaz y, sobre todo, a estar con mi familia y mis amigos todo el tiempo posible. Una carcajada general se adueñó de la sombra del árbol de la plaza: Todos sabían que a mí nunca me había pasado nada más grave que algún dolor de muelas... Gufy, mi perro, que dormitaba a mis pies, se sobresaltó con la carcajada, se levantó, se desperezó sacudiéndose y me miró como queriéndome decir "Anda, que siempre estás con lo mismo. Vamos a casa que ya es hora de que dejes a esos quejicas".