viernes, 23 de diciembre de 2011
Quieres ayudar, ¿ verdad? Capítulo Uno.
Dirigir a un ciego que lleba bastón.
- ¿Quieres ayudar?-
Sí.
- Eso está muy, muy bien. ¡ Gracias, muchas gracias.
- Pues allá van unas recomendaciones.
Lo primero que debes saber cuando veas un ciego en apuros porque se le nota que va despistado o que no encuentra su camino es que, muy probablemente, esté además de un poco perdido, algo nervioso. Por lo tanto no le abordes bruscamente. Hazlo dirigiéndote a él sin voces y, si piensas que te conoce, identifícate. Aunque si no le conoces, no estaría de más que le dijeses algo así como: Buenas, ¿le puedo ayudar en
Algo?
Es posible que esto sea suficiente porque él te hará saber lo que necesita.
Es lo mejor y lo primero que debes hacer. Pregunta y ya te dirán.
Sobre todo no le dirijas con empujoncitos o tirando de él hacia cualquier lado. Esto “descoloca” y sirve para ponerle más nervioso aún. Ni mucho menos intentar guiarle la mano del bastón con la tuya. Date cuenta de que es algo parecido a ir de copiloto en un coche y orientar al conductor haciendo girar tú mismo el volante hacia el lado al que hay que dirigirse. Cuando alguien hace esto conmigo, tengo la sensación de quedarme suspendido a un metro del suelo.
Si te encuentras a distancia y tienes que advertirle o encaminarle, hazlo con orientaciones espaciales lo más precisas de que seas capaz y referidas a la posición y dirección en la que él se encuentre.
Por Ejemplo: sigue de frente y al final de la pared gira a tu derecha.
Si ves que se encuentra en riesgo porque se ha salido de la acera o se va a meter en un lío, etc. Adviérteselo claramente y dirígele o acércate a ayudarle.
Cuando vayas a acompañarle guiándole, es mejor que le ofrezcas tu brazo o tu hombro, el sabrá como hacer. Ten especial cuidado con los obstáculos que pueda haber a la altura de su cabeza y ve siempre un poco por delante. Si fueseis una hora seríais las once y cinco. Tú las once y el las y cinco.
No es difícil, ¿Verdad?
Pues lo dicho:
¡ Gracias!
jueves, 22 de diciembre de 2011
Lino ya ha dejado de fumar.
Lino, o Señor Lino, como yo le llamaba, en realidad no era un hombre “normal”. Al decir esto, me refiero a que su vida no había sido una vida convencional. Yo conocí al señor Aquilino Cid, que así se llamaba, porque coincidía con él a la sombra de los soportales de la Ermita. Él llegaba hasta allí arrastrando pausadamente sus pies y su bastón por la empinada cuesta y recorría todas las mañanas los escasos cincuenta metros que separaban su casa, la última del pueblo, del recinto de la pradera de la romería y yo procuraba hacer un alto en ese lugar para descansar y refrescarme antes de seguir el diario paseio en bici, que había quedado institucionalizado durante casi todas las mañanas del veraneo en el pueblo. Debieron ser cinco o seis veranos en los que se repetía el mismo ritual: Él me preguntaba al verme llegar que de dónde venía. Tras responderle, él se encargaba de todo. Solían ser unas charlas de cerca de una hora que me producían gran placer, aunque como no se acordaba de mí, al año siguiente repetía algunos episodios. El que más veces me contó fue el del acalde de cierto pueblo que le dejó a deber un dinero que él intentó cobrar en varias ocasiones y que terminó cobrándose en las carnes de la señora esposa del señor alcalde, sin que este comprendiera el porqué de aquel último embarazo de su mujer a los cuarenta y siete años.
Lino se dedicó durante bastante tiempo a recorrer los pueblos de la comarca vendiendo de todo lo que podía interesar por allí. Por eso conocía a mucha gente y sabía de muchos chismes que le contaban y que él mantenía en su memoria, pero nunca había contribuido a aventarlos y aún ahora sólo contaba los que tenían que ver con él mismo. Antes de comerciar por los pueblos, estuvo en Argentina de donde volvió con las manos vacías y una cojera de la que nunca dijo la causa. Después de volver de Argentina, estuvo un tiempo en Cataluña persiguiendo maquis, hasta que se hartó del ejército y se embarcó como tripulante en un mercante de esos que no paran de dar vueltas al mundo.
Lino no se casó nunca pero sin alardear, contaba que creía tener unos diez o doce hijos e hijas repartidos por, al menos, tres continentes.
El señor Lino me ofrecía siempre un cigarrillo que yo rechazaba amablemente. Siempre menos el último verano que fue el quien me pidió uno. Al decirle que no tenía, me pidió que le hiciese el favor de comprarle un paquete y que se lo guardase para darle un cigarrillo cada día. Me explicó que su sobrina, con la que vivía y que era viuda, se había juntado con un viudo que se había empeñado en que no debía fumar y había repartido instrucciones al respecto por todo el pueblo, incluidos el estanco y el bar., para que nadie le suministrase sus ducados. Así lo hice y cada día, sin que él lo pidiese, yo le ofrecía y el cogía dos diciendo: este p´a luego. El no hacía más que repetir: parece mentira que a los noventa y cuatro años un mocoso de sesenta y seis te quiera quitar de fumar porque él tiene miedo de no llegar a mi edad.
Al verano siguiente, ya no encontré a Lino y cuando pregunté por él, me dijeron que ya no salía de casa, que el invierno pasado le había dado un “itus” y que estaba “vegetal” .
Creo que se me escaparon dos lágrimas cuando tiré al contenedor el paquete de Ducados que llevaba preparado para el señor Lino.
Lino se dedicó durante bastante tiempo a recorrer los pueblos de la comarca vendiendo de todo lo que podía interesar por allí. Por eso conocía a mucha gente y sabía de muchos chismes que le contaban y que él mantenía en su memoria, pero nunca había contribuido a aventarlos y aún ahora sólo contaba los que tenían que ver con él mismo. Antes de comerciar por los pueblos, estuvo en Argentina de donde volvió con las manos vacías y una cojera de la que nunca dijo la causa. Después de volver de Argentina, estuvo un tiempo en Cataluña persiguiendo maquis, hasta que se hartó del ejército y se embarcó como tripulante en un mercante de esos que no paran de dar vueltas al mundo.
Lino no se casó nunca pero sin alardear, contaba que creía tener unos diez o doce hijos e hijas repartidos por, al menos, tres continentes.
El señor Lino me ofrecía siempre un cigarrillo que yo rechazaba amablemente. Siempre menos el último verano que fue el quien me pidió uno. Al decirle que no tenía, me pidió que le hiciese el favor de comprarle un paquete y que se lo guardase para darle un cigarrillo cada día. Me explicó que su sobrina, con la que vivía y que era viuda, se había juntado con un viudo que se había empeñado en que no debía fumar y había repartido instrucciones al respecto por todo el pueblo, incluidos el estanco y el bar., para que nadie le suministrase sus ducados. Así lo hice y cada día, sin que él lo pidiese, yo le ofrecía y el cogía dos diciendo: este p´a luego. El no hacía más que repetir: parece mentira que a los noventa y cuatro años un mocoso de sesenta y seis te quiera quitar de fumar porque él tiene miedo de no llegar a mi edad.
Al verano siguiente, ya no encontré a Lino y cuando pregunté por él, me dijeron que ya no salía de casa, que el invierno pasado le había dado un “itus” y que estaba “vegetal” .
Creo que se me escaparon dos lágrimas cuando tiré al contenedor el paquete de Ducados que llevaba preparado para el señor Lino.
miércoles, 21 de diciembre de 2011
Maribel se jubiló con júbilo.
Hace casi tres meses desde que Maribel se ha jubilado y ya es hora de publicar esto a los cuatro vientos del ciberespacio. Sobre todo porque si no lo hago, puedo reventar de orgullo.
Tengo la enorme necesidad de hacer justicia a Maribel haciendo balance de todo lo que ha hecho durante los casi cuarenta años de trabajo en la educación, para luego proclamarlo a los cuatro vientos a modo de sentido homenaje.
No pretendo hacer un currículum profesional, aunque puede que sea lo que me salga.
Se puede decir con objetividad que ha hecho mucho y bien durante todo el desempeño de su oficio. Que es admirable por la manera de hacerlo que no ha sido otra que la manera de los humildes, los abnegados, los esforzados y los comprometidos.
La generosidad en el esfuerzo, la constancia en el compromiso con ilusión y amor propio, han sido las notas características de su desempeño profesional.
No sólo ha sido una excelente Maestra; también ha desempeñado con tesón y poco reconocimiento para sus méritos, como Jefa de estudios y ha coordinado con entusiasmo numerosos proyectos de innovación; ha sido coordinadora de tecnologías de la información y comunicación, Responsable de la Biblioteca, tutora de prácticas de estudiantes de Magisterio, ha promovido y realizado variadas actividades extraescolares y no sé cuantas cosas más. Comprometiéndose hasta el fondo con todo .
Da gusto pasear junto a ella por la calle y comprobar como casi no hay día en que algún antiguo alumno o padre o madre no se dirijan a ella dando muestras de agradecimiento y reconocimiento. Por algo será.
Las veces que ha sido necesario, se ha enfrentado con quien haya hecho falta para defender al débil, al tratado injustamente, a costa, en ocasiones de salir con algún “arañazo”.
Siempre ha sabido cual era su obligación y la ha cumplido con creces en el trabajo y en la vida. Porque no debemos olvidar que Maribel es una de esas “Superwoman” capaces de atender a todos sus compromisos, que no han sido pocos: criar y educar a sus hijos. Atender heroicamente a sus padres, a su marido. Y al mismo tiempo superar un cáncer.
Sin que todo ello le haya restado fuerzas para entregarse a su oficio ni perder la jovialidad y la frescura de una eterna entusiasta de la vida que ha hecho y hace las delicias de los que tenemos la enorme suerte de compartir su inmensa entrega en todo lo que hace.
Si la hubieseis visto, como yo, encima de un andamio, cavando la tierra, acarreando sacos de cemento o de patatas o de cereal.
Si supieseis, como yo, que voluntariamente ha ido a cuidar de enfermos de SIDA, que ha sacado de campamento a enfermos psiquiátricos, que siempre querría hacer más por los que lo necesitan.
Si os dieseis de verdad cuenta de lo que vale y hace, no la dejaríais marchar de vuestro lado, querríais raptarla y tenerla siempre con vosotros.
Lo que ocurre es que la envidiáis como yo la envidio .
Menos mal que lo que hace lo regala, porque sería imposible pagarlo si lo cobrase.
Maribel. Te amo no solo por como eres conmigo.
Te amo también por como eres con los demás.
Te amo y te envidio.
Te amo.
Al final, como siempre que hablo de Maribel, me sale una declaración de amor.
Tengo la enorme necesidad de hacer justicia a Maribel haciendo balance de todo lo que ha hecho durante los casi cuarenta años de trabajo en la educación, para luego proclamarlo a los cuatro vientos a modo de sentido homenaje.
No pretendo hacer un currículum profesional, aunque puede que sea lo que me salga.
Se puede decir con objetividad que ha hecho mucho y bien durante todo el desempeño de su oficio. Que es admirable por la manera de hacerlo que no ha sido otra que la manera de los humildes, los abnegados, los esforzados y los comprometidos.
La generosidad en el esfuerzo, la constancia en el compromiso con ilusión y amor propio, han sido las notas características de su desempeño profesional.
No sólo ha sido una excelente Maestra; también ha desempeñado con tesón y poco reconocimiento para sus méritos, como Jefa de estudios y ha coordinado con entusiasmo numerosos proyectos de innovación; ha sido coordinadora de tecnologías de la información y comunicación, Responsable de la Biblioteca, tutora de prácticas de estudiantes de Magisterio, ha promovido y realizado variadas actividades extraescolares y no sé cuantas cosas más. Comprometiéndose hasta el fondo con todo .
Da gusto pasear junto a ella por la calle y comprobar como casi no hay día en que algún antiguo alumno o padre o madre no se dirijan a ella dando muestras de agradecimiento y reconocimiento. Por algo será.
Las veces que ha sido necesario, se ha enfrentado con quien haya hecho falta para defender al débil, al tratado injustamente, a costa, en ocasiones de salir con algún “arañazo”.
Siempre ha sabido cual era su obligación y la ha cumplido con creces en el trabajo y en la vida. Porque no debemos olvidar que Maribel es una de esas “Superwoman” capaces de atender a todos sus compromisos, que no han sido pocos: criar y educar a sus hijos. Atender heroicamente a sus padres, a su marido. Y al mismo tiempo superar un cáncer.
Sin que todo ello le haya restado fuerzas para entregarse a su oficio ni perder la jovialidad y la frescura de una eterna entusiasta de la vida que ha hecho y hace las delicias de los que tenemos la enorme suerte de compartir su inmensa entrega en todo lo que hace.
Si la hubieseis visto, como yo, encima de un andamio, cavando la tierra, acarreando sacos de cemento o de patatas o de cereal.
Si supieseis, como yo, que voluntariamente ha ido a cuidar de enfermos de SIDA, que ha sacado de campamento a enfermos psiquiátricos, que siempre querría hacer más por los que lo necesitan.
Si os dieseis de verdad cuenta de lo que vale y hace, no la dejaríais marchar de vuestro lado, querríais raptarla y tenerla siempre con vosotros.
Lo que ocurre es que la envidiáis como yo la envidio .
Menos mal que lo que hace lo regala, porque sería imposible pagarlo si lo cobrase.
Maribel. Te amo no solo por como eres conmigo.
Te amo también por como eres con los demás.
Te amo y te envidio.
Te amo.
Al final, como siempre que hablo de Maribel, me sale una declaración de amor.
domingo, 18 de diciembre de 2011
El señor sí mira.
Tras varios días de infructuosos intentos, por fin conseguí hacerme en mi cabeza con la estación de cercanías de la Puerta del Sol.
Gozoso, me coloco en el andén repleto de gente para esperar el tren con destino a Alcobendas. La megafonía anuncia la llegada del convoy con destino a Tres Cantos. Como no es el mío, reculo y tropiezo con alguien que en perfecto español de Ecuador me dice que si busco asiento.
Sorprendido porque no esperaba que allí hubiese alguien, dije que no, que gracias,
Pero insistió otra voz junto a la primera pero más infantil. Señor, mire le he tomado.
No entendí, pero la primera voz me aclaró todo.
El niño me había tomado una foto con su móvil.
Lo traía del médico y de arreglar unos papeles de la residencia y por eso no estaba en el colegio a pesar de ser día de clase y hora de estar en ella, en un colegio de Sanse.
Además. Daniel, no molestes más, no te das cuenta que el señor no mira bien.
Disculpe, selñor ¿hasta donde va?
Voy a Alcobendas-San Sebastián.
Ah, pues nosotros también, siéntese que quedan aún quince minutos para la hora.
Muchas gracias. ¿Qué edad tienes Daniel?
Ocho señor, Mire acá, le he tomado.
Daniel, que el señor no mira.¿¿ ¿ Quiere que cuando llegue el tren, le ayude a subir ?
Pues sí, por favor.
Ya instalados en el asiento del vagón me entero de que a Daniel le regalaron el celular porque es muy buen estudiante, no como sus cuatro hermanos mayores, que solo piensan en pasarla bien.
Señor, ¿quiere que le ayude a salir?
Sí, nuy amable.
Bueno, ya está en la calle, ¿dónde va?
Voy hacia…
Ah pues le podemos acompañar hasta…
Bueno, señor, aquí tiene el cruce que me indicó, no le podemos acompañar más porque he de comprar el zumo para el padre del niño.
Muchísimas gracias señora. Adiós Daniel .
Al alejarse oí decir a Daniel :
Mami el señor sí mira. Lleva los ojos abiertos.
Me ha gustado sentirme mestizo.
Gozoso, me coloco en el andén repleto de gente para esperar el tren con destino a Alcobendas. La megafonía anuncia la llegada del convoy con destino a Tres Cantos. Como no es el mío, reculo y tropiezo con alguien que en perfecto español de Ecuador me dice que si busco asiento.
Sorprendido porque no esperaba que allí hubiese alguien, dije que no, que gracias,
Pero insistió otra voz junto a la primera pero más infantil. Señor, mire le he tomado.
No entendí, pero la primera voz me aclaró todo.
El niño me había tomado una foto con su móvil.
Lo traía del médico y de arreglar unos papeles de la residencia y por eso no estaba en el colegio a pesar de ser día de clase y hora de estar en ella, en un colegio de Sanse.
Además. Daniel, no molestes más, no te das cuenta que el señor no mira bien.
Disculpe, selñor ¿hasta donde va?
Voy a Alcobendas-San Sebastián.
Ah, pues nosotros también, siéntese que quedan aún quince minutos para la hora.
Muchas gracias. ¿Qué edad tienes Daniel?
Ocho señor, Mire acá, le he tomado.
Daniel, que el señor no mira.¿¿ ¿ Quiere que cuando llegue el tren, le ayude a subir ?
Pues sí, por favor.
Ya instalados en el asiento del vagón me entero de que a Daniel le regalaron el celular porque es muy buen estudiante, no como sus cuatro hermanos mayores, que solo piensan en pasarla bien.
Señor, ¿quiere que le ayude a salir?
Sí, nuy amable.
Bueno, ya está en la calle, ¿dónde va?
Voy hacia…
Ah pues le podemos acompañar hasta…
Bueno, señor, aquí tiene el cruce que me indicó, no le podemos acompañar más porque he de comprar el zumo para el padre del niño.
Muchísimas gracias señora. Adiós Daniel .
Al alejarse oí decir a Daniel :
Mami el señor sí mira. Lleva los ojos abiertos.
Me ha gustado sentirme mestizo.
sábado, 17 de diciembre de 2011
Julio el de Santa Cruz de los Cuérragos.
Julio Alonso es natural de Santa Cruz de los Cuérragos. Está orgulloso de su pueblo y como quiere que prospere se ha empadronado allí; más que nada por “hacer pueblo” y que la Diputación aporte fondos para sacarlo del abandono en que se encuentra. Julio regresó de “Las Vascongadas” cuando se jubiló y pese a tener su piso en Zamora capital, pasa desde marzo hasta noviembre en su casa del pueblo. Eso sí, cada mes tiene que ir a revisarse lo del sintrón porque tiene la sangre “recia” y así aprovecha también para hacer la compra de lo necesario ya que los suministros no llegan con frecuencia. El panadero sí les visita una vez por semana y el pan no les falta. Julio sale a pasear todos los días y se para con todo el que encuentra y le regala con su locuacidad. Él sabe que el que se empadronen los viejos no hace pueblo, pero los jóvenes no se quedan en el pueblo ya que la vida no es fácil allí. Aunque el la prefiere a la de la capital: “al fin y al cabo, haces lo mismo, pasear y hacer los recados por la mañana y luego meterte en casa y ver la televisión.” Como dice Nieves, otra de los once empadronados, ay que aprovechar en verano, cuando hay gente por la calle, y hablar con alguien, que luego sales y no encuentras un alma. También cuenta que “esa casa salió por diez millones, aparte del terreno y la piedra, que fueron otros seis”. ,. En su pueblo han aprovechado lo que les da Patrimonio para arreglar la calle. Patrimonio les paga porque sus terrenos comunales tienen restricciones de uso, pero es “una miseria” lo que reporta al pueblo. Los jóvenes no se quedan porque la explotación agrícola del terreno es muy costosa y poco rentable debido a que se hace necesario vallar los cultivos para defenderlos de los jabalíes y los ciervos que tanto abundan por la zona.
Cuando preguntamos a Julio por el camino que nos puede llevar al puente sobre el arroyo Infiernos, nos explica el bueno de Julio que no conviene que vayamos allí a esta hora porque hace falta casi una hora para bajar hasta allí y luego hay que volver y ya no nos queda luz suficiente. Pero nos indica que si queremos dar un paseíto, nos podemos llegar hasta un majestuoso castaño “milenario” según él que se encuentra cerquita. Según Fernando, el que atendía el bar de la casa rural el castaño ronda los quinientos años, que no está nada mal.
Esta casa es de “un médico de Valladolid y también han arreglado otras casas forasteros hasta de Canarias” .Creo que Julio Alonso sabe que los seres vivos más longevos son precisamente esas especies que se quedan pegadas al terreno en que nacieron y allí esperan , se alimentan con lo que les da la tierra , se reproducen, aceptan y acogen a las visitas que les llegan y les proporcionan, hospitalarios, sus frutos, su sombra y su cobijo, y se dejan abrazar y admirar. Y Julio hace lo mismo de marzo a noviembre. Y cuando cesan las visitas estivales y el tiempo lo permite “porque no hay niebla” , Julio se conforma con divisar ver desde su pueblo La Carballeda, Sanabria y la raya de Portugal, sabiendo que si se queda allí es muy posible que disfrute, igual que el castaño, de una larga vida llena de paz. Igual que lo hacen, sin duda, los que descansan en el curioso cementerio, incluidas las dieciocho almas que poblaban las seis casas del lugar en mil ochocientos cuarenta y pico. Eso es lo que dice uno de los varios carteles informativos que amenizan el paseo a los visitantes que han tenido la fortuna de llegar hasta allí. Y que si lo hacen el día y hora adecuados, podrán conocer a ese panadero que, a pesar de no ser negocio, continúa haciendo pueblo una vez por semana y sube hasta aquí y trae consigo el pan de cada día de las gentes del lugar.
Al marcharme, después de la visita, me quedo con la sensación de que, si vuelvo allí dentro de quinientos años, me encontraré de nuevo con Julio, Nieves, Fernando, el canario y, si es el día adecuado, podré comprar pan.
jueves, 15 de diciembre de 2011
Yo no hice fotos cuando estuve en Marrakech, por eso no las cuelgo aquí.
Del uno al cinco de diciembre de dos mil once.
Día uno:
Viaje a Marrakech.
Los viajes siempre suponen salir de la rutina. Con la incertidumbre que genera la falta de rutina.
Este viaje no iba a ser menos.
Antes de nada, tengo que recordar la necesidad de saber claramente cuál es el procedimiento para solicitar la asistencia al llegar al aeropuerto.
Mi experiencia con las compañías low cost no es grande, pero ya cuento con un pequeño repertorio de anécdotas, al que incluyo la de hoy.
Tras pasar el cheking de seguridad y encontrar la puerta de embarque con tiempo suficiente, dispuestos a esperar pacientemente, como no puede ser de otra manera, me sorprende un aviso por la megafonía que advertía la necesidad de la compañía para nuestro vuelo de que aquellos pasajeros que voluntariamente, y debido al exceso de equipaje de mano que había, dse ofreciesen para facturar el suyo, a cambio, se les daba preferencia en el embarque, o como luego me enteré que se decía, en el speed boarding, o algo así.
No le hice caso porque ya me parecía suficiente incertidumbre la que llevo cuando salgo de mis rutinas, como para , voluntariamente, aumentarla.
Mira por donde, a Maribel, que prudente, se había puesto en cola con su maleta y la mía, y me había dejado cómodamente aparcado en los asientos de la sala de espera, se entera del ofrecimiento y bien por parecerle atractivo, o por su predisposición a colaborar, me pregunta qué me parece. Se ve que no acierto al declinar el ofrecimiento y tras volvérmelo a preguntar, yo, débil como soy, no lo medito y me apresto a consentir.
Nos acercamos al mostrador de embarque y aceptamos la proposición.
El jóven que nos atiende, muy amablemente,me dice: Ah, es usted el ciego, pues muy bien entrará el último, y las maletas las llevarán ustedes hasta la puerta del avióon para que luego nosotros las llevemos a la bodega…
Conseguido: más incertidumbre y un poco de malhumor.
Para remediarlo aplicando eso de convertir las amenazas en oportunidades, me dedico a escribirlo y mientras lo hago pienso que debo sacar alguna enseñanza del incidente. Cuál podría ser?
Creo que pensar bien las cosas antes que asentir sin pensar y, luego sufrir las consecuencias y, además, echarle la culpa a Maribel. Eso no quita que ande preocupado por cómo se nos darán los trámites con las autoridades marroquíes sin destreza en idiomas y teniendo que rellenar papeles y encima encontrar las maletas facturadas.
Por cierto, me ha hecho ilusión utilizar el portatilillo para escribir esto y entretenerme en el avión.
Se me ha pasado el tiempo “volando” porque casi sin enterarme nos hemos plantado cerquita del destino. Lo sé porque Maribel me anuncia que se ve el Atlas nevado hacia el sureste.
La llegada a destino, los trámites y la recuperación de las maletas nosupusieron más que satisfacciones .
Nos recibieron unsssssssssssss sol y una Matalia radiantes y deliciosamente acogedores.Cerramos la mañana con la comida en familia y con una sorpresa en forma de vino marroquí. Antes de hoy hubiera jurado que en Marruecos no se elaboraba vino, mira tú.
La tarde se nos fue en patear la Medina y sus zocos que, rebosantes de gente y mercancías, nos ofrecieron además de una sensación de anacrónico olor a palomitas de maíz, un reconfortante te a la menta, en la plaza de las especies.
Tuve un momento de desilusión porque no olía a lo que me imaginé que debía de oler, pero me confoormé con los olores que pudieron ofrecerme las caballerías , los tubos de escape de las motillos que pululan por doquier, más allá de lo razonable.
En la cena, en un coqueto y bien atendido restaurante que creo recordar que se llama Le jardin de Gueliz, tuvimos el primer contacto con la cocina marroquí gracias a una pastela au mer que me apreté de entrada, antes de un entrecot con guarnición y una Mouse de chocolat noir bastante contundente. Pues no necesité echar mano del almax por la noche.
La pastela es como una empanada de masa de hojaldre muy suabe y crujiente que envuelve una especie de sofrito de lo que se trate en cada ocasión. En este caso de calamares muy especiados y sabrosos.
Si no llega a ser por el vino el menú de noche nos hubiese salido por unos trece euros por cabeza, dque teniendo en cuenta el local, la calidad y el servicio podríamos decir que está tirao.
Día dos:
Les jardins de Majorelle están justo al lado de la casa de Natalia y Javi. Otros dirán que es la casa la que está al lado de los jardines pero, qué más da!
Esta tontunez la digo para poner de manifiesto lo relativo de las percepciones y lo subjetivo de las valoraciones: para mí es más importante la casa que los jardines. Por lo tanto comenzaré con la casa.
Es un luminoso dúplex en una urbanización residencial con piscina y jardín central que resulta bastante confortable porque está dotada del calor de Natalia. He decidido que, mientras alguien autorizado para ello no lo haga, yo la bautizo como c´a Natalie.
Los jardines de Majorelle me han recordado el Huerrto del cura de Elche. Se trata de un pequeño botánico-arboreto agradable de pasear.
Bastante más que el paseo. Gymkhana-aventura que nos marcamos my wife and me por la jungla de motillos en busca del arca perdida y jamás encontrada. Lo que sí encontramos fue una terracita donde nos sirvieron unos zumoss de orange et bananne que por dos euros en total yncluyendo propina no obligatoria, nos quitaron las penas de golpe antes de probar el cuscús en un sitio que no es de cuscús pero que lo ofrece bueno, bonito y barato incluso fuera de hora, porque sirve comidas en cualquier momento del día. Se llama Kech Mara, o algo así como Marrakech pero al revés.
La tarde nos permitió descubrir la tan nombrada puesta de sol delsde una terraza sobre la plaza, una de las plazas más concurridas de África y del mundo, Djemaa el Fna , mentras tomamos contacto con los pastelillos morunos acompañados de té a la menta, cantos llamando a la oración desde todas las mezquitas y el inmenso bullicio estructural del lugar.
Ya en casa, por la noche, larga charla y descanso reparador.
Día trex:
Después del arreglo de una pequeña avería en las tuberías del agua de c´a Natalie, nos fuimos a comer con la pareja jóven a la Medina. Me resultó curioso el ofrecimiento, aceptado por Javi tras consultarlo con Natalia, de lavar el coche en la calle. Después comentó Javier que cuando hace esto, suele pagarlo con veinte dirhams, que vienen a ser algo menos de dos euros. Pues bien, comimos en la azotea de un local parecido a un pub que se encuentra en una plaza de la zona del melah con talleres dedicados a la forja artesanal. Pasamos algo de frío pero contentos porque resultaba agradable el lugar y la compañía. Así de contentos nos dedicamos a la visita monumental que se limitó a dos lugares: el palacio el wadí, curioso por sus naranjos y estanques y las tumbas sadies, también curiosísimas por la rica decoración que esiben y por la historia de haber permanecido ocultas durante siglos y devueltas a la vista de todos a principios del siglo veinte.
La tarde nos trajo la noticia de que en la liga española de fútbol las cosas continuaban igual de reñidas, cosa de mucho interés para los marroquíes que son forofos del fútbol español como Alá manda. En el camino nos cruzamos con un comercio y su comerciante que dse dedican a las hierbas y perfumes y cosmética en general; pues bien, desplegó con nosotros todo su arsenal de recursos y muestrario, incluyendo algguna confidencial y sugerente indicación semisecreta al oído que cantaba las excelencias de un brebaje para snifar con propiedades supuestamente afrodisíacas que prometían una larga y placentera noche de amor.Lo que sí nos trajo la noche fue la llegada de los catalanes de Lleida, Zamora y Salamanca con los que nos fuimos a cenar para celebrar el cupleaños de Maribel. Lo hicimos en el, según Javi, mejor restaurante de Marrakech, Le Chat qui rie. Allí cayó la tercera marca de vino marroquí y otra de las especialidades gastronómicas locales: el cordero cocinado durante siete horas.
Día cuatro:
Natalia nos había programado una excursión para visitar, a los pies del Atlas, un valle con encanto en el que han preparado un circuito de aventuras que incluye una tirolina sobre un barranco profundo que salva unos ochocientos metros de longitud. Nadie de nuestro grupo se animóo a ello. A lo que sí nos animamos fue a apretarnos un Tallin o algo así, con el que completé mi colección de comidas típicas del lugar.
En el camino, nos detuvimos en un pueblo para visitar lo que el guía-conductor que llevábamos dijo ser una cooperativa de trabajo de muferes. Allí nos recibieron con una pequeña representación de lo que es la producción manual del aceite de arrgán y sus deribados cosméticos y alimentarios. Les compramos, claro, y les dejamos ver nuestra solidaridad de europeos ricos dejándoles propina por su teatrillo y por hacerse fotos con nosotros. Me sentí guiri total pero no lo manifesté porque todos se encontraban con otra sensación. Debe ser algo parecido a lo que sienten algunos paleticos de Finlandia cuando los pasean en burro por Mijas y les dejan pensar que es el medio de transporte habitual en la actualidad.
El regreso lo hicimos por otro camino para ver otros lugares, pero fuimos a parar e nuevo al café francés para compartir con los catalanes la puesta de sol desde su terraza, la llamada a la oración en estéreo y la transformación del paisaje nocturno de la plaza que es patrimonio intangible de la humanidad según la UNESCO.
Terminamos el día adentrándonos por la selva del zoco para completar la compra de regalitos. Pudimos disfrutar del roce y de la gracia de los comerciantes que saben lo imprescindible de idiomas para decirle a cada uno lo que le puede resultar gracioso. Así lo hizo un birriosillo jovencito que al pasar junto a mí va y me suelta algo así como: “Si tú quieres, yo Nacho Vidal”. O los vendedores de los puestos de comida que tenían todos un cuento parecido: “Hola, yo no molesta como otros. Yo sólo digo que comida mía mejor y más barato que Ryan air y que si tú no contenta, devuelvo dinero como Corte Inglés. Si tu no come hoy y vuelve mañana, acuerda de mí que soy como Imanol Arias más fóven-.
Creo que esas cosas, junto a las llamadas a la oración, será lo que más recuerde de la ciudad. Pero de todo el viaje, sin dudarlo, será el excelente trato recibido por parte de Natalia y jjabi. Gracias sobrinos.
Día cinco:
Maletas, trámites y en Algete con la cabeza bullendo y el corazón ensanchado.
Miguel Ángel.
Día uno:
Viaje a Marrakech.
Los viajes siempre suponen salir de la rutina. Con la incertidumbre que genera la falta de rutina.
Este viaje no iba a ser menos.
Antes de nada, tengo que recordar la necesidad de saber claramente cuál es el procedimiento para solicitar la asistencia al llegar al aeropuerto.
Mi experiencia con las compañías low cost no es grande, pero ya cuento con un pequeño repertorio de anécdotas, al que incluyo la de hoy.
Tras pasar el cheking de seguridad y encontrar la puerta de embarque con tiempo suficiente, dispuestos a esperar pacientemente, como no puede ser de otra manera, me sorprende un aviso por la megafonía que advertía la necesidad de la compañía para nuestro vuelo de que aquellos pasajeros que voluntariamente, y debido al exceso de equipaje de mano que había, dse ofreciesen para facturar el suyo, a cambio, se les daba preferencia en el embarque, o como luego me enteré que se decía, en el speed boarding, o algo así.
No le hice caso porque ya me parecía suficiente incertidumbre la que llevo cuando salgo de mis rutinas, como para , voluntariamente, aumentarla.
Mira por donde, a Maribel, que prudente, se había puesto en cola con su maleta y la mía, y me había dejado cómodamente aparcado en los asientos de la sala de espera, se entera del ofrecimiento y bien por parecerle atractivo, o por su predisposición a colaborar, me pregunta qué me parece. Se ve que no acierto al declinar el ofrecimiento y tras volvérmelo a preguntar, yo, débil como soy, no lo medito y me apresto a consentir.
Nos acercamos al mostrador de embarque y aceptamos la proposición.
El jóven que nos atiende, muy amablemente,me dice: Ah, es usted el ciego, pues muy bien entrará el último, y las maletas las llevarán ustedes hasta la puerta del avióon para que luego nosotros las llevemos a la bodega…
Conseguido: más incertidumbre y un poco de malhumor.
Para remediarlo aplicando eso de convertir las amenazas en oportunidades, me dedico a escribirlo y mientras lo hago pienso que debo sacar alguna enseñanza del incidente. Cuál podría ser?
Creo que pensar bien las cosas antes que asentir sin pensar y, luego sufrir las consecuencias y, además, echarle la culpa a Maribel. Eso no quita que ande preocupado por cómo se nos darán los trámites con las autoridades marroquíes sin destreza en idiomas y teniendo que rellenar papeles y encima encontrar las maletas facturadas.
Por cierto, me ha hecho ilusión utilizar el portatilillo para escribir esto y entretenerme en el avión.
Se me ha pasado el tiempo “volando” porque casi sin enterarme nos hemos plantado cerquita del destino. Lo sé porque Maribel me anuncia que se ve el Atlas nevado hacia el sureste.
La llegada a destino, los trámites y la recuperación de las maletas nosupusieron más que satisfacciones .
Nos recibieron unsssssssssssss sol y una Matalia radiantes y deliciosamente acogedores.Cerramos la mañana con la comida en familia y con una sorpresa en forma de vino marroquí. Antes de hoy hubiera jurado que en Marruecos no se elaboraba vino, mira tú.
La tarde se nos fue en patear la Medina y sus zocos que, rebosantes de gente y mercancías, nos ofrecieron además de una sensación de anacrónico olor a palomitas de maíz, un reconfortante te a la menta, en la plaza de las especies.
Tuve un momento de desilusión porque no olía a lo que me imaginé que debía de oler, pero me confoormé con los olores que pudieron ofrecerme las caballerías , los tubos de escape de las motillos que pululan por doquier, más allá de lo razonable.
En la cena, en un coqueto y bien atendido restaurante que creo recordar que se llama Le jardin de Gueliz, tuvimos el primer contacto con la cocina marroquí gracias a una pastela au mer que me apreté de entrada, antes de un entrecot con guarnición y una Mouse de chocolat noir bastante contundente. Pues no necesité echar mano del almax por la noche.
La pastela es como una empanada de masa de hojaldre muy suabe y crujiente que envuelve una especie de sofrito de lo que se trate en cada ocasión. En este caso de calamares muy especiados y sabrosos.
Si no llega a ser por el vino el menú de noche nos hubiese salido por unos trece euros por cabeza, dque teniendo en cuenta el local, la calidad y el servicio podríamos decir que está tirao.
Día dos:
Les jardins de Majorelle están justo al lado de la casa de Natalia y Javi. Otros dirán que es la casa la que está al lado de los jardines pero, qué más da!
Esta tontunez la digo para poner de manifiesto lo relativo de las percepciones y lo subjetivo de las valoraciones: para mí es más importante la casa que los jardines. Por lo tanto comenzaré con la casa.
Es un luminoso dúplex en una urbanización residencial con piscina y jardín central que resulta bastante confortable porque está dotada del calor de Natalia. He decidido que, mientras alguien autorizado para ello no lo haga, yo la bautizo como c´a Natalie.
Los jardines de Majorelle me han recordado el Huerrto del cura de Elche. Se trata de un pequeño botánico-arboreto agradable de pasear.
Bastante más que el paseo. Gymkhana-aventura que nos marcamos my wife and me por la jungla de motillos en busca del arca perdida y jamás encontrada. Lo que sí encontramos fue una terracita donde nos sirvieron unos zumoss de orange et bananne que por dos euros en total yncluyendo propina no obligatoria, nos quitaron las penas de golpe antes de probar el cuscús en un sitio que no es de cuscús pero que lo ofrece bueno, bonito y barato incluso fuera de hora, porque sirve comidas en cualquier momento del día. Se llama Kech Mara, o algo así como Marrakech pero al revés.
La tarde nos permitió descubrir la tan nombrada puesta de sol delsde una terraza sobre la plaza, una de las plazas más concurridas de África y del mundo, Djemaa el Fna , mentras tomamos contacto con los pastelillos morunos acompañados de té a la menta, cantos llamando a la oración desde todas las mezquitas y el inmenso bullicio estructural del lugar.
Ya en casa, por la noche, larga charla y descanso reparador.
Día trex:
Después del arreglo de una pequeña avería en las tuberías del agua de c´a Natalie, nos fuimos a comer con la pareja jóven a la Medina. Me resultó curioso el ofrecimiento, aceptado por Javi tras consultarlo con Natalia, de lavar el coche en la calle. Después comentó Javier que cuando hace esto, suele pagarlo con veinte dirhams, que vienen a ser algo menos de dos euros. Pues bien, comimos en la azotea de un local parecido a un pub que se encuentra en una plaza de la zona del melah con talleres dedicados a la forja artesanal. Pasamos algo de frío pero contentos porque resultaba agradable el lugar y la compañía. Así de contentos nos dedicamos a la visita monumental que se limitó a dos lugares: el palacio el wadí, curioso por sus naranjos y estanques y las tumbas sadies, también curiosísimas por la rica decoración que esiben y por la historia de haber permanecido ocultas durante siglos y devueltas a la vista de todos a principios del siglo veinte.
La tarde nos trajo la noticia de que en la liga española de fútbol las cosas continuaban igual de reñidas, cosa de mucho interés para los marroquíes que son forofos del fútbol español como Alá manda. En el camino nos cruzamos con un comercio y su comerciante que dse dedican a las hierbas y perfumes y cosmética en general; pues bien, desplegó con nosotros todo su arsenal de recursos y muestrario, incluyendo algguna confidencial y sugerente indicación semisecreta al oído que cantaba las excelencias de un brebaje para snifar con propiedades supuestamente afrodisíacas que prometían una larga y placentera noche de amor.Lo que sí nos trajo la noche fue la llegada de los catalanes de Lleida, Zamora y Salamanca con los que nos fuimos a cenar para celebrar el cupleaños de Maribel. Lo hicimos en el, según Javi, mejor restaurante de Marrakech, Le Chat qui rie. Allí cayó la tercera marca de vino marroquí y otra de las especialidades gastronómicas locales: el cordero cocinado durante siete horas.
Día cuatro:
Natalia nos había programado una excursión para visitar, a los pies del Atlas, un valle con encanto en el que han preparado un circuito de aventuras que incluye una tirolina sobre un barranco profundo que salva unos ochocientos metros de longitud. Nadie de nuestro grupo se animóo a ello. A lo que sí nos animamos fue a apretarnos un Tallin o algo así, con el que completé mi colección de comidas típicas del lugar.
En el camino, nos detuvimos en un pueblo para visitar lo que el guía-conductor que llevábamos dijo ser una cooperativa de trabajo de muferes. Allí nos recibieron con una pequeña representación de lo que es la producción manual del aceite de arrgán y sus deribados cosméticos y alimentarios. Les compramos, claro, y les dejamos ver nuestra solidaridad de europeos ricos dejándoles propina por su teatrillo y por hacerse fotos con nosotros. Me sentí guiri total pero no lo manifesté porque todos se encontraban con otra sensación. Debe ser algo parecido a lo que sienten algunos paleticos de Finlandia cuando los pasean en burro por Mijas y les dejan pensar que es el medio de transporte habitual en la actualidad.
El regreso lo hicimos por otro camino para ver otros lugares, pero fuimos a parar e nuevo al café francés para compartir con los catalanes la puesta de sol desde su terraza, la llamada a la oración en estéreo y la transformación del paisaje nocturno de la plaza que es patrimonio intangible de la humanidad según la UNESCO.
Terminamos el día adentrándonos por la selva del zoco para completar la compra de regalitos. Pudimos disfrutar del roce y de la gracia de los comerciantes que saben lo imprescindible de idiomas para decirle a cada uno lo que le puede resultar gracioso. Así lo hizo un birriosillo jovencito que al pasar junto a mí va y me suelta algo así como: “Si tú quieres, yo Nacho Vidal”. O los vendedores de los puestos de comida que tenían todos un cuento parecido: “Hola, yo no molesta como otros. Yo sólo digo que comida mía mejor y más barato que Ryan air y que si tú no contenta, devuelvo dinero como Corte Inglés. Si tu no come hoy y vuelve mañana, acuerda de mí que soy como Imanol Arias más fóven-.
Creo que esas cosas, junto a las llamadas a la oración, será lo que más recuerde de la ciudad. Pero de todo el viaje, sin dudarlo, será el excelente trato recibido por parte de Natalia y jjabi. Gracias sobrinos.
Día cinco:
Maletas, trámites y en Algete con la cabeza bullendo y el corazón ensanchado.
Miguel Ángel.
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