Se abre el telón y se escucha una voz en of que dice susurrante:
-“La responsabilidad de la crisis la tienen esos malos gobernantes que no han sabido GESTIONAR LA SITUACIÓN Y AHORA LO QUE TIENEN QUE HACER ES ABARATAR EL DESPIDO Y DAR DINERITO A LOS BANCOS PARA QUE NOS FUSIONEMOS Y LO EMPLEEMOS en dar crédito . Eso sí, a más interés de lo que recibimos el dinero.”.
Mientras tanto, un presumido Don Mariano, charlando con sus coleguillas europeos del frente ultra Merkel, les dice:
-“pues a mí, la reforma laboral me va a costar una huelga general.”
Y va y lo dice como distraído, como sin darse cuenta que lo está grabando el micrófono de la cámara.
Luego se marcha haciendo mutis por el foro, para regresar al poco rato a dar explicaciones siguiendo el manual de estilo. Va y dice:
-“Que lo que yo quería decir es que el PSOE lo ha HECHO MUY MAL Y BLA, BLA, BLA…”
Se retira don Mariano y se escucha en of la siguiente conversación telefónica:
- “¿Qué le ha parecido Don Emilio?, ya he convocado la huelga general, espero que con el ruido que he formado, cuele lo del dinerillo pa la banca. Además, ya le he dado instrucciones a los Ministros d Educación y Justicia para que levanten polvo a cuenta de lo que hablamos con la Iglesia sobre la ciudadanía y el aborto”
Se cierra el telón.
¿Cómo se titula la película?
Botín, Don Mariano, el clero y t´o p´alante.
Ahora una adivinanza:
¿De que costillas van a salir los euros? ¿De Botín, de Don Mariano, del clero, de la Merkel o de los despedidos?
Y los del PSOE todavía andan con la quijada en la mano.
lunes, 6 de febrero de 2012
domingo, 5 de febrero de 2012
Quieres ayudar, ¿ verdad Capítulo 7 Sé mis ojos.
Siete.- Sé mis ojos.
- ¿Quieres ayudar?-
Sí.
- Eso está muy, muy bien. ¡Gracias, muchas gracias!
- Pues allá van unas recomendaciones.
Hay un aspecto en el control del ambiente por mi parte, que llama bastante la atención cuando alguien interactúa conmigo y es la particular necesidad de limitar o percibir los límites témporo-espaciales, para formarme una idea global concreta y clara de los escenarios donde me voy a desenvolver. Necesito saber sobre las personas que me rodean, los horarios y calendarios de actividades, los espacios que me circundan y todo tipo de información no alcanzable sin la vista o que me de una estructura psicológica segura en la cual moverme. Esto puede parecer chocante o raro a quien no sabe comprenderlo, pero es lógico si te pones en mi lugar e imaginas moverte en un espacio oscuro sin referencias visuales. Necesitarías inventar o descubrir tus propias coordenadas.
En esas ocasiones, cuando me acompañes, tú puedes ayudarme a construir ese "mapa interno témporo-espacial", siendo mis ojos cuando caminemos juntos por la calle (narrando con naturalidad lo que encontramos a nuestro paso; haciendo algunas descripciones; informándome sobre la presencia de alguien conocido que se acerca; contándome los cambios arquitectónicos de la ciudad; explicándome algún escaparate, etc.).
Cuando estemos en otra casa o institución (coméntame sobre la apariencia de las personas, adornos y objetos interesantes, cambios en la disposición del mobiliario, etc.).
Cuando paseemos en lugares públicos como parques, plazas, playa, campo, museos, comercio, etc. Cuéntame todo lo que llame tu atención (los colores, las formas, los animales, el atuendo de las personas, los vehículos, los anuncios publicitarios etc.).
Y en el extranjero, para que me haga una idea de los usos y costumbres, cuéntame las cosas que te resulten más chocantes, que sean distintas
Para darte un ejemplo, te voy a contar lo que me ocurrió en Lisboa, no hace mucho:
Había algo así como un portaaviones amarrado al muelle, que para mí pasó inadvertido hasta el día siguiente, cuando me lo comentó Maribel. Me lo perdí. Sin embargo, alguien me contó que había una escultura de media vaca sobresaliendo de una fachada, y yo pude disfrutar de ella y además, del recuerdo de aquella exposición callejera de vacas que nos sorprendió en Berlín.
Por cierto, he recuperado el gusto por conocer sitios nuevos gracias a que me acompañan personas que quieren ser mis ojos.
- ¿Quieres ayudar?-
Sí.
- Eso está muy, muy bien. ¡Gracias, muchas gracias!
- Pues allá van unas recomendaciones.
Hay un aspecto en el control del ambiente por mi parte, que llama bastante la atención cuando alguien interactúa conmigo y es la particular necesidad de limitar o percibir los límites témporo-espaciales, para formarme una idea global concreta y clara de los escenarios donde me voy a desenvolver. Necesito saber sobre las personas que me rodean, los horarios y calendarios de actividades, los espacios que me circundan y todo tipo de información no alcanzable sin la vista o que me de una estructura psicológica segura en la cual moverme. Esto puede parecer chocante o raro a quien no sabe comprenderlo, pero es lógico si te pones en mi lugar e imaginas moverte en un espacio oscuro sin referencias visuales. Necesitarías inventar o descubrir tus propias coordenadas.
En esas ocasiones, cuando me acompañes, tú puedes ayudarme a construir ese "mapa interno témporo-espacial", siendo mis ojos cuando caminemos juntos por la calle (narrando con naturalidad lo que encontramos a nuestro paso; haciendo algunas descripciones; informándome sobre la presencia de alguien conocido que se acerca; contándome los cambios arquitectónicos de la ciudad; explicándome algún escaparate, etc.).
Cuando estemos en otra casa o institución (coméntame sobre la apariencia de las personas, adornos y objetos interesantes, cambios en la disposición del mobiliario, etc.).
Cuando paseemos en lugares públicos como parques, plazas, playa, campo, museos, comercio, etc. Cuéntame todo lo que llame tu atención (los colores, las formas, los animales, el atuendo de las personas, los vehículos, los anuncios publicitarios etc.).
Y en el extranjero, para que me haga una idea de los usos y costumbres, cuéntame las cosas que te resulten más chocantes, que sean distintas
Para darte un ejemplo, te voy a contar lo que me ocurrió en Lisboa, no hace mucho:
Había algo así como un portaaviones amarrado al muelle, que para mí pasó inadvertido hasta el día siguiente, cuando me lo comentó Maribel. Me lo perdí. Sin embargo, alguien me contó que había una escultura de media vaca sobresaliendo de una fachada, y yo pude disfrutar de ella y además, del recuerdo de aquella exposición callejera de vacas que nos sorprendió en Berlín.
Por cierto, he recuperado el gusto por conocer sitios nuevos gracias a que me acompañan personas que quieren ser mis ojos.
sábado, 4 de febrero de 2012
Cada persona es persona.
Cada persona es persona
Por lo que hace a los demás.
No por parecer más mona,
Atractiva o sensual.
El calor de una mirada,
La ternura en el hablar,
De consuelo una palabra.
La presencia en ayudar.
La sinceridad cayada,
Para así no molestar.
Corregir con esa calma
Del que obra con lealtad.
Mil reproches olvidados
con los labios en sonrisa.
Teniendo mucho cuidado
Para sofocar la ira.
Quiero ser esa persona
Que hace feliz a la gente.
Pero, torpe, no lo logra
Más que al año cuatro veces.
Cuando afónico, callo.
Cuando cansado me duermo.
Cuando sincero, acepto
Y sin interés, ofrezco.
Pero en muchas ocasiones,
Yo no lo puedo lograr.
Porque no atiendo a razones
O no tengo voluntad.
Por lo que hace a los demás.
No por parecer más mona,
Atractiva o sensual.
El calor de una mirada,
La ternura en el hablar,
De consuelo una palabra.
La presencia en ayudar.
La sinceridad cayada,
Para así no molestar.
Corregir con esa calma
Del que obra con lealtad.
Mil reproches olvidados
con los labios en sonrisa.
Teniendo mucho cuidado
Para sofocar la ira.
Quiero ser esa persona
Que hace feliz a la gente.
Pero, torpe, no lo logra
Más que al año cuatro veces.
Cuando afónico, callo.
Cuando cansado me duermo.
Cuando sincero, acepto
Y sin interés, ofrezco.
Pero en muchas ocasiones,
Yo no lo puedo lograr.
Porque no atiendo a razones
O no tengo voluntad.
viernes, 3 de febrero de 2012
Y... él, ¿cómo está?
Si lo piensas bien, no lo haces.
Lo de hablar de una persona cuando está presente pero como si no lo estuviera.
Esto se hace en situaciones
Que rayan el absurdo. Por ejemplo cuando nos dirigimos por medio de una tercera persona a aquel con el que estamos enojados fingiendo que no está presente.
Bueno, pues esto es algo que suele pasar conmigo algunas veces que, acompañado por Maribel, topamos con alguien que no se atreve a preguntarme directamente cómo estoy, lo hace a través de Maribel, ignorando torpemente mi presencia.
El otro día, paseando por las calles de Friera, nos encontramos una señora sentada en la calle, en una de esas tertulias improvisadas que se organizan en los pueblos. Tras el ritual de preguntas y respuestas corteses de rigor, los saludos e intercambio de recuerdos para los ausentes y demás actos protocolarios, la buena señora, a la que yo acabo de saludar, se dirige a Maribel y le pregunta: … y él, cómo está.
Yo, claro , me sentí en la absurda situación en la que se deben sentir los niños cuando se encuentran presentes y los adultos hablan entre ellos de intimidades que atañen a los propios niños, ignorando su presencia, su opinión, su estado de ánimo …
En otras condiciones nunca nos atreveríamos a hablar de una persona cuando está presente, pero como si no lo estuviese.
Hay que ver de qué manera turba un tipo como yo, tan alto, tan delgado, tan guapo…. Tanto que la gente se aturulla.
Lo de hablar de una persona cuando está presente pero como si no lo estuviera.
Esto se hace en situaciones
Que rayan el absurdo. Por ejemplo cuando nos dirigimos por medio de una tercera persona a aquel con el que estamos enojados fingiendo que no está presente.
Bueno, pues esto es algo que suele pasar conmigo algunas veces que, acompañado por Maribel, topamos con alguien que no se atreve a preguntarme directamente cómo estoy, lo hace a través de Maribel, ignorando torpemente mi presencia.
El otro día, paseando por las calles de Friera, nos encontramos una señora sentada en la calle, en una de esas tertulias improvisadas que se organizan en los pueblos. Tras el ritual de preguntas y respuestas corteses de rigor, los saludos e intercambio de recuerdos para los ausentes y demás actos protocolarios, la buena señora, a la que yo acabo de saludar, se dirige a Maribel y le pregunta: … y él, cómo está.
Yo, claro , me sentí en la absurda situación en la que se deben sentir los niños cuando se encuentran presentes y los adultos hablan entre ellos de intimidades que atañen a los propios niños, ignorando su presencia, su opinión, su estado de ánimo …
En otras condiciones nunca nos atreveríamos a hablar de una persona cuando está presente, pero como si no lo estuviese.
Hay que ver de qué manera turba un tipo como yo, tan alto, tan delgado, tan guapo…. Tanto que la gente se aturulla.
jueves, 2 de febrero de 2012
EN MEMORIA DE CONCHITA:
Conchita falleció unos años antes de morir.
No os extrañéis que os lo voy a explicar.
Aún no sabemos cuando escribió la nota dirigida a Ramón, su hijo.
En ella, le indicaba claramente una de sus últimas voluntades. El encargo que le hacía debería cumplirlo tras su fallecimiento.
Lo que sí sabemos es que la nota apareció junto a otra dentro de una vieja cartera de mano.
En la otra nota figuraba una relación con los nombres de sus hijos y, junto a cada nombre la fecha en la que había sido bautizado.
Supongo que, cuando redactó el testamento manuscrito en forma de mandato para su hijo, intuía que ella no podría realizarlo personalmente. Tal vez lo que ocurrió fue que en aquel momento no le pareciese oportuno.
Sea cual fuese su motivación, el resultado fue que, unos años después, Conchita sufriría un deterioro cognitivo que le impediría hacer eso y casi cualquier otra cosa.
En la nota indicaba claramente su deseo de que, tras su fallecimiento, Ramón se encargase de entregar en su nombre a cada uno de sus ocho nietos y nietas, cuya relación explicitaba en ese humilde trozo de papel, la cantidad de doscientas mil pesetas.
Hoy, más de tres años después del fallecimiento de Conchita, he notado que aún no había muerto. Lo he notado cuando una de sus nietas, me contaba la historia. He sentido la caricia de Conchita cuando he tocado ese precioso colgante de rodonita rosa engastado en flores de plata que Cris llevaba con orgullo al cuello, luciéndolo con amor y agradecimiento.
Me imagino a Conchita acompañando a Cris en busca de algo que comprar para que hiciese honor al recuerdo de su abuela e inspirándole en la elección más adecuada para emplear sus doscientas mil.
Y ahora, aquí estoy yo escribiendo esta historia con Conchita a mi lado, inspirándome, ayudándome a encontrar las palabras, y vosotros leyéndola.
¿Entendéis ahora, verdad?
Trascender es eso: Algo que haces en vida, tiene prolongación en el tiempo, en las acciones de los demás, de los que te suceden, de los que heredan de ti.
Ese deseo de trascender se puede ver cumplido por cualquiera. No por cualquiera que tenga un lápiz y un papel y varios hijos, uno llamado ramón que haya tenido voluntad y medios y ocho nietos y un millón seiscientas mil pesetas. Esos son solo las herramientas que la vida ha utilizado. Lo que hay que tener son buenos sentimientos y generosidad y ningún anhelo de trascendencia. La vida se encargará de lo que haga falta, siempre que existan los recuerdos y que alguien no robe a los herederos la verdad de lo ocurrido como se empeñan en hacer algunos robando la memoria.
¡Larga vida a Conchita!
No os extrañéis que os lo voy a explicar.
Aún no sabemos cuando escribió la nota dirigida a Ramón, su hijo.
En ella, le indicaba claramente una de sus últimas voluntades. El encargo que le hacía debería cumplirlo tras su fallecimiento.
Lo que sí sabemos es que la nota apareció junto a otra dentro de una vieja cartera de mano.
En la otra nota figuraba una relación con los nombres de sus hijos y, junto a cada nombre la fecha en la que había sido bautizado.
Supongo que, cuando redactó el testamento manuscrito en forma de mandato para su hijo, intuía que ella no podría realizarlo personalmente. Tal vez lo que ocurrió fue que en aquel momento no le pareciese oportuno.
Sea cual fuese su motivación, el resultado fue que, unos años después, Conchita sufriría un deterioro cognitivo que le impediría hacer eso y casi cualquier otra cosa.
En la nota indicaba claramente su deseo de que, tras su fallecimiento, Ramón se encargase de entregar en su nombre a cada uno de sus ocho nietos y nietas, cuya relación explicitaba en ese humilde trozo de papel, la cantidad de doscientas mil pesetas.
Hoy, más de tres años después del fallecimiento de Conchita, he notado que aún no había muerto. Lo he notado cuando una de sus nietas, me contaba la historia. He sentido la caricia de Conchita cuando he tocado ese precioso colgante de rodonita rosa engastado en flores de plata que Cris llevaba con orgullo al cuello, luciéndolo con amor y agradecimiento.
Me imagino a Conchita acompañando a Cris en busca de algo que comprar para que hiciese honor al recuerdo de su abuela e inspirándole en la elección más adecuada para emplear sus doscientas mil.
Y ahora, aquí estoy yo escribiendo esta historia con Conchita a mi lado, inspirándome, ayudándome a encontrar las palabras, y vosotros leyéndola.
¿Entendéis ahora, verdad?
Trascender es eso: Algo que haces en vida, tiene prolongación en el tiempo, en las acciones de los demás, de los que te suceden, de los que heredan de ti.
Ese deseo de trascender se puede ver cumplido por cualquiera. No por cualquiera que tenga un lápiz y un papel y varios hijos, uno llamado ramón que haya tenido voluntad y medios y ocho nietos y un millón seiscientas mil pesetas. Esos son solo las herramientas que la vida ha utilizado. Lo que hay que tener son buenos sentimientos y generosidad y ningún anhelo de trascendencia. La vida se encargará de lo que haga falta, siempre que existan los recuerdos y que alguien no robe a los herederos la verdad de lo ocurrido como se empeñan en hacer algunos robando la memoria.
¡Larga vida a Conchita!
miércoles, 1 de febrero de 2012
Voluntarios de la Botella.
No se le ha ocurrido mejor cosa nunca a nadie. Ha tenido que ser usted, señora Botella.
No era fácil, no. Es necesario tener mucha formación, mucha imaginación, mucha inteligencia, muchas ganas de servicio, mucho salero, mucho desparpajo, mucha autoridad moral, mucho de casi todo lo que hay que tener para llegar a expresar tan bien esa magnífica, brillante y salvadora idea.
Eso o mucha cara dura. Que no creo que sea el caso.
Como la idea del voluntariado para la candidatura de Madrid como sede de los Juegos Olímpicos y para la visita del Papa constituyeron un éxito absoluto de público, que no así de crítica, la mía al menos.
Como las urnas han querido que así fuese.
Como Nuestro Señor Mariano lo ha permitido, o se ha resignado, que, para ek caso es lo mismo.
Como tiene la autoridad que le otorga el cargo que ocupa.
Como le ha dado la gana y se ha quedado tan ancha.
Como han confluido estas y otras muchas razones, me siento concernido por el llamamiento al voluntariado que a efectuado como flamante alcaldesa de Madrid, como Excelentísima señora Ana Botella. Apelando a la buena voluntad de los ciudadanos del municipio de su regiduría, ha lanzado la petición de que cada cual aporte lo que pueda en trabajo voluntario para el mantenimiento de los polideportivos municipales, por ejemplo.
Y, a mí, que debo ser, por lo menos, tan listo como usted, me ha dado por aportar lo que mejor se hacer: mear. Porque yo soy de esos que cada vez que MEA, se le ocurre una idea.
En esta ocasión han sido dos, a saber:
Una. Que usted, señora Botella colabore voluntariamente a combatir la crisis no cobrando ni un duro de los de antes ni de los de ahora por lo que sea que haga en el Ayuntamiento. Dos. Que el tiempo que le quede libre, aunque sea poco, lo dedique voluntariamente a atender a aquellas personas que lo necesiten en función de su grado de dependencia.
Además que convenza de hacer lo mismo a aquellas personas que le puedan oír en su entorno familiar, social o laboral.
Comprendería que le pareciese una impertinencia esta ocurrencia mía, pero si lo piensa bien, sería la misma, en todo caso, que la suya. ¿O no?
Para no tener que rectificar más adelante, lo voy a hacer ahora:
Retiro mear.
Debí haber dicho hace pipí
Deberán ustedes leer: yo creo que soy, como ella, de los que cada vez que hacen pipí, se lees ocurre una idea.
Queda rectificado por mi parte. .
Me he tomado esta libertad de opinar porque, como usted, señora Botella, me preocupa que la gente no sepa a que dedicar sus esfuerzos. Siento ser tan vulgar pero es que me fastidia que me toquen las varices.
Lo siento.
No era fácil, no. Es necesario tener mucha formación, mucha imaginación, mucha inteligencia, muchas ganas de servicio, mucho salero, mucho desparpajo, mucha autoridad moral, mucho de casi todo lo que hay que tener para llegar a expresar tan bien esa magnífica, brillante y salvadora idea.
Eso o mucha cara dura. Que no creo que sea el caso.
Como la idea del voluntariado para la candidatura de Madrid como sede de los Juegos Olímpicos y para la visita del Papa constituyeron un éxito absoluto de público, que no así de crítica, la mía al menos.
Como las urnas han querido que así fuese.
Como Nuestro Señor Mariano lo ha permitido, o se ha resignado, que, para ek caso es lo mismo.
Como tiene la autoridad que le otorga el cargo que ocupa.
Como le ha dado la gana y se ha quedado tan ancha.
Como han confluido estas y otras muchas razones, me siento concernido por el llamamiento al voluntariado que a efectuado como flamante alcaldesa de Madrid, como Excelentísima señora Ana Botella. Apelando a la buena voluntad de los ciudadanos del municipio de su regiduría, ha lanzado la petición de que cada cual aporte lo que pueda en trabajo voluntario para el mantenimiento de los polideportivos municipales, por ejemplo.
Y, a mí, que debo ser, por lo menos, tan listo como usted, me ha dado por aportar lo que mejor se hacer: mear. Porque yo soy de esos que cada vez que MEA, se le ocurre una idea.
En esta ocasión han sido dos, a saber:
Una. Que usted, señora Botella colabore voluntariamente a combatir la crisis no cobrando ni un duro de los de antes ni de los de ahora por lo que sea que haga en el Ayuntamiento. Dos. Que el tiempo que le quede libre, aunque sea poco, lo dedique voluntariamente a atender a aquellas personas que lo necesiten en función de su grado de dependencia.
Además que convenza de hacer lo mismo a aquellas personas que le puedan oír en su entorno familiar, social o laboral.
Comprendería que le pareciese una impertinencia esta ocurrencia mía, pero si lo piensa bien, sería la misma, en todo caso, que la suya. ¿O no?
Para no tener que rectificar más adelante, lo voy a hacer ahora:
Retiro mear.
Debí haber dicho hace pipí
Deberán ustedes leer: yo creo que soy, como ella, de los que cada vez que hacen pipí, se lees ocurre una idea.
Queda rectificado por mi parte. .
Me he tomado esta libertad de opinar porque, como usted, señora Botella, me preocupa que la gente no sepa a que dedicar sus esfuerzos. Siento ser tan vulgar pero es que me fastidia que me toquen las varices.
Lo siento.
martes, 31 de enero de 2012
Ninguno somos perfectos.
–––Eso me dijo Hermelinda: - Ninguno somos perfectos.
Y lo hizo para consolarme, para consolarse. Al saludarla, noté en su tono de voz que verme tanteando con el bastón le había causado impresión. Ella ya sabía que yo padecía algo de la vista. Pero no estaría muy convencida de la gravedad del asunto, porque un tipo que monta solo en bici, como ella me había visto hace poco, no debe estar tan mal. Yo sé que esto es lo que es lógico pensar y que ella no es la única en creerlo.
Sea como fuere, ella se impresionó al verme y, que sintiéndose culpable por haber pensado así, se conmovió aún más.
Después de saludarme con sincero afecto, me alabó lo bien que me encontraba “físicamente”, recalcando lo de físicamente. Supongo que para distinguirlo de psíquicamente. Se debe imaginar que me debo encontrar mal de ánimo.
Esto lo he vivido con bastantes conocidos que, después de verme “normal “, me ven “anormal “, y se quedan azarados.
Lo más singular de este encuentro fue la despedida:
“No te preocupes, ninguno somos perfectos”.
A lo que sonreí para adentro, mientras pensaba: “unos menos perfectos que otros.”
Si ella supiese de mis verdaderos defectos, se quedaría algo más consolada. Pero no le dije nada y seguí mi camino tanteando el suelo con el bastón con ese aire presumido que sé que llevo cuando quiero.
Y lo hizo para consolarme, para consolarse. Al saludarla, noté en su tono de voz que verme tanteando con el bastón le había causado impresión. Ella ya sabía que yo padecía algo de la vista. Pero no estaría muy convencida de la gravedad del asunto, porque un tipo que monta solo en bici, como ella me había visto hace poco, no debe estar tan mal. Yo sé que esto es lo que es lógico pensar y que ella no es la única en creerlo.
Sea como fuere, ella se impresionó al verme y, que sintiéndose culpable por haber pensado así, se conmovió aún más.
Después de saludarme con sincero afecto, me alabó lo bien que me encontraba “físicamente”, recalcando lo de físicamente. Supongo que para distinguirlo de psíquicamente. Se debe imaginar que me debo encontrar mal de ánimo.
Esto lo he vivido con bastantes conocidos que, después de verme “normal “, me ven “anormal “, y se quedan azarados.
Lo más singular de este encuentro fue la despedida:
“No te preocupes, ninguno somos perfectos”.
A lo que sonreí para adentro, mientras pensaba: “unos menos perfectos que otros.”
Si ella supiese de mis verdaderos defectos, se quedaría algo más consolada. Pero no le dije nada y seguí mi camino tanteando el suelo con el bastón con ese aire presumido que sé que llevo cuando quiero.
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