LA VIDA SIN PRISA. TIC-TAC. TIC-TAC...

La vida es un tic-tac que se puede llenar con una redonda, o con dos blancas, o con cuatro... Todo estará bien siempre que sea con algo que merezca la pena y ... sin prisa.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Elia. CORAJE FALANDO GALEGO

Elia es así. Puro coraje que, cuando se encuentra en su salsa, fala galego como el que no quiere la cosa. El día que decida comenzar a cuidarse solo de si misma, no va a saber hacerlo. Lleva ya tanto tiempo dedicada a los demás que no va a poder pensar en dejar de hacerlo. Elia es, para mí, una persona digna de admiración, capaz y dispuesta. Sensata y firme en sus convicciones. Decidida y constante. Buena persona y generosa. Le deseo una buena ventura en la andadura por esas tierras suyas. Se va a hartar de falar, eso seguro. Deseo que no se aparte su vida demasiado de las nuestras, lo deseo por nuestro bien y por el suyo. Espero que sepa que nuestra puerta estará siempre abierta para esa excelente persona que es. Por eso dejo aquí constancia de ello. Larga vida a la buena gente.

miércoles, 22 de julio de 2015

Seis meses y un día.

Gufy y un servidor llevamos ya 6 meses de convivencia extrema. Extrema porque son casi todas las horas del día las que nuestras vidas se encuentran unidas por una correa o por el pensamiento. Uno en cada extremo. Negociando cada paso, cada decisión. Equivocándonos los dos. No se si al 50 por ciento, pero los dos en conjunto y por separado. Mi mayor pecado es el de no fiarme, porque eso me hace contradecirle cuando tiene razón, quedándome como atontado y sorprendido en renuncio. El suyo es la juventud que le hace interesarse. En exceso a mi juicio, por las cosas propias de la edad. El juego, los otros congéneres y pillar lo que puede para chasqueárselo. Paciencia, mucha paciencia y disciplina. Esa, según dicen los entendidos, es la fórmula a aplicar... Haciendo cálculos llevamos compartidos no menos de 800 kilómetros y unas 400 bolsas de recogida de excrementos. Sale a 0,5 bolsas por kilómetro recorrido. Creo que me estoy empezando a relajar. A empezar a creerme de verdad que esto del perro es una buena ayuda. Lo digo porque me muevo mejor, más seguro y rápido que con el bastón Ocurre que la inversión inicial en esfuerzo, estrés y coste para mí y los que me rodean (léase Maribel) es considerable y que hay que tener paciencia. Yo con el perro y Maribel con los dos. Sobre todo conmigo. Espero que se me sepa reconocer la voluntad y perseverancia en el esfuerzo y trabajo constantes. Es un grave defecto mío, lo sé, necesitar permanentemente el reconocimiento de los demás, sobre todas las cosas el de Maribel. Desde luego que Maribel tiene todo mi reconocimiento, aunque, en ocasiones, es quien paga el pato de mis frustraciones y emociones mal controladas. Pido perdón por ello.

domingo, 3 de mayo de 2015

Altruismo.

“Este pequeño trabajo está destinado a dar mi respuesta personal a la pregunta siguiente: ¿Realmente ayudamos a otros cuando ayudamos? (Motivación y explicación del altruismo) Para centrarme en una definición de altruismo voy a considerar la que lo entiende como “sacrificio personal por el beneficio de otros”. Voy a basar la respuesta que daré al final en mis experiencias. Distinguiré dos vertientes de mis experiencias. a) Yo como sujeto del altruismo de otros. b) Yo como persona altruista. a) Por una parte, resulta que, por mi condición de persona con ceguera que está en contacto con otros por la calle y en actividades varias, me encuentro en muchas situaciones en las que soy objeto de ayuda desinteresada para orientarme o facilitarme la movilidad. En algunos casos, hay personas, que, sin yo necesitarla en ese momento, deciden prestarme su ayuda y lo hacen torpemente y sin preguntarme antes y procurándome problemas que yo no tenía en mi orientación o movilidad. Ello me produce al menos dos “daños colaterales”. Por un lado, se colocan en una situación de superioridad que puede hacerme flojear la autoestima. Por otro, cuando les “dejo desairados” rechazando con firmeza su torpe y seguramente bienintencionada ayuda, me crean remordimientos por lo malhumorado que, en ocasiones me manifiesto contribuyendo a esa mala fama de que los ciegos tienen mal genio. Podría ilustrar esto con infinidad de anécdotas que contadas a toro pasado, pueden resultar hasta graciosas, pero que en el momento de vivirlas, me suelen provocar angustia. En otras muchas ocasiones he sido ayudado más o menos hábilmente, pero de forma respetuosa y atendiendo a mis indicaciones de cómo hacerlo o, simplemente, respondiendo a mis preguntas u ofreciéndose a lo que fuese necesario. Para sentirme ayudado de verdad, tienen que cumplirse dos requisitos. Que necesite la ayuda y que esta sea adecuada. En algunas ocasiones, en las que no se dan ambos, soy yo quien ayuda al otro aceptando su ayuda de forma altruista. Paradojas de la vida. b) Pensando en aquellas actuaciones que a lo largo de mi vida he llevado a cabo con la finalidad de que otros obtuviesen un beneficio, sacrificándome yo y no dando muchas explicaciones por pudor, podría clasificarlas en dos grandes grupos: El primer grupo, lo integran las que han sido verdaderamente desinteresadas y además han producido beneficio a los otros con inversión de mi tiempo y mi esfuerzo.(Aquí he de confesar que me he llevado el gran beneficio de sentirme bien conmigo mismo y esto es impagable y además esperaba que fuese así. Egoísta en el fondo) Si hubiera grados en esto del altruismo, diría que las “más altruistas” son las que he realizado a beneficio de mis familiares directos. El segundo grupo lo forman las otras en las que, bajo la apariencia de ayudar altruistamente, esperaba alguna recompensa. (Ahora sí, el egoísmo) Creo que, ahora puedo dar una respuesta a la pregunta inicial. No siempre y no todas las personas. Aquellas personas que se acercan más al cien por ciento en el grado de altruismo son las que más admiración pueden despertar en los que no somos así. “ Este texto entrecomillado es lo que voy a presentar como trabajo final de la asignatura Psicología de la vida cotidiana, correspondiente a los estudios del programa PUMA que este año termino G. A. D. Se trataba de dar respuesta en un folio a una pregunta a escoger entre ocho posibles. Si me animo iré respondiendo a las otras siete. Puede ser interesante.

viernes, 24 de abril de 2015

En menos de cien palabras: Escucha activa.

Se tenía por un tipo culto e interesante. Acudió a la cita bien arreglado y con aquel fastidioso pañuelo naranja en el bolsillo de la chaqueta. Si esto seguía adelante, esta sería la última concesión. Ella le vio primero. No se había colocado la diadema naranja. Le preguntó por una calle de los alrededores. Él, sin prestarle atención, le mintió diciéndole que no conocía la calle. Por no entretenerse, claro. Su tiempo, su vida eran bastante más importantes que esa muchacha. Ella buscaba una persona que quisiese escuchar. Se había llevado ya suficientes chascos. Él no pudo hacerle más concesiones.

domingo, 19 de abril de 2015

Entre tres y seis meses.

Cuando hace, exactamente hoy, tres meses, el 19 de enero, nos presentaron no sabíamos ni Gufy, ni yo, nada el uno del otro. Hoy, ya nos vamos conociendo. Yo sabía que existía un periodo de adaptación que, con un primer mes bastante duro, requeriría de tres a seis meses para llevarse a cabo. Bueno, lo sabía, no. Me lo habían comentado. El que te comenten algo no quiere decir que lo sepas. Solo sabes algo, cuando lo aprendes mediante la experiencia. Algo de la vida, claro. Que la capital de tal o cual país es tal o cual ciudad, puedes aprenderlo porque te lo ha comentado alguien. Este circunloquio sirve para no decir que en varios momentos he llegado a pensar seriamente que ¿quién me mandaría meterme en este lío? Ahora que esto va marchando cada vez mejor, me voy creyendo que está mereciendo la pena. Espero que Gufy “piense” lo mismo. Yo estoy deseando que así sea y que lleguen pronto los seis meses. Pero, amigos míos, el tiempo lleva su tiempo. Ni un minuto más, ni uno menos. Paciencia, paciencia, mucha paciencia… También me lo decían.

viernes, 17 de abril de 2015

En menos de cien palabras: Peor que el silencio.

La habitación está en silencio. Me asusta. Parece mentira pero, no consigo acostumbrarme a saber que estás ahí y no escucharte, ni siquiera respirar. Cuando resoplas tu sopor es distinto. Se que estás y lo que estás haciendo. Estiro las orejas. Olisqueo. Carraspeo. Nada, no percibo nada. Desesperación. Desconsuelo. Falta información. No obtengo respuesta. Angustia. Quiero hablarte. Quiero que me cuentes. Tengo que contarte… ¿Será que te has ido? No, es algo peor. Ahora lo se. Acabo de escuchar la respuesta sonora de tu móvil al presionar el teclado. Lo peor de lo peor. Rabia, rabiosa…

jueves, 16 de abril de 2015

En menos de cien palabras: Mucho morro.

- Mira, mamá. Alberto y yo hemos pensado que, como tú solo trabajas media jornada, te la podías pedir por las tardes y, así te podrías hacer cargo de la niña desde que naciera hasta, por lo menos, el añito. Serían solo las mañanas porque, por las tardes se haría cargo mi suegra. Los fines de semana y las vacaciones de Alberto y mías, os podríais turnar entre los abuelos. Así Alberto y yo descansaríamos sin el estrés de la niña. - Mira hija: ¡no tengas tanto morro y hazte cargo de tu vida! - No, si ya me lo decía mi suegra…