LA VIDA SIN PRISA. TIC-TAC. TIC-TAC...

La vida es un tic-tac que se puede llenar con una redonda, o con dos blancas, o con cuatro... Todo estará bien siempre que sea con algo que merezca la pena y ... sin prisa.

sábado, 3 de marzo de 2012

El loco hambriento insaciable.

De niño, he oído de ti tantas historias, tantas aventuras que no había caído en la cuenta de lo importante que eras. Me parecía normal. Creía, de niño, que lo normal en las personas era ser excepcional.
Es ahora, cuando ya he vivido algo, cuando me doy cuenta de tus hazañas. Ahora te admiro más, porque creo comprenderte mejor, porque me es más fácil ponerme en tu lugar.
Cuando te oía eso del “cupón bendito”, me hacía gracia. Pero no comprendía el alcance real de la expresión. Es ahora, cuando he tenido que echar mano de ello, cuando me doy cuenta de todo lo que permite hacer ese bendito cupón
Tengo oído contar que, del brazo de tu amigo Luís, el cubero, os perdíais dando tumbos por los caminos en busca de otro pueblo donde cantar y sacar unos duros. O acababais en un zarzal por evitar aquella finca de la que os había echado algún pariente agraviado de tal o cual moza o no tan moza. Cuando oía contar aquello, me hacía gracia, sólo eso. Hoy, además me da motivos para admirarte por tu capacidad de superación y por tus ganas de vivir.
Voy a tratar en tu honor, de recuperar algunas de tus poesías: la del bar azul, la del loco hambriento insaciable…
“… vengan a mí tetas de vaca,
Setas y espárragos grandes,
Cogollitos de guisantes…”
Creo recordar a bote pronto que decía aquel autobiográfico personaje enloquecido por las hambrunas de la España de posguerra en la que te tocó pelear con tu orfandad, con tu ceguera, con todo ese ambiente hostil que te rodeaba.
Es la mundial aquello de tener engañados a los del pueblo fingiendo desde la trastienda una emisión radiofónica de no recuerdo que emisora, supongo que inventada, en la que se anunciaban cosas y gentes del pueblo, se cantaba y se contaban historias y cuentos. Y la parroquia, embobada. ¡Cuánta inteligencia desaprovechada para la humanidad en general! Aunque no así para los que tenemos la dicha de compartir vida contigo. Y que capacidad de poner buena cara al mal tiempo.
Recuerdo con ternura la veneración que sentías por tu mujer, ese portento de mujer con la que compartiste, sin duda, los años más felices de tu vida.
Creo haberte recriminado que dejases de tocar la guitarra. Eso fue una automutilación innecesaria, a mí entender de entonces. Fue una falta de respeto por mi parte el no comprenderte o, por lo menos respetarte. Pero es que nos privaste de golpe del placer de escuchar lo que de esos maravillosos dedos salía en forma de rasgueos, punteos, acordes…maravillosos a su vez.
Y que decir de aquellas entrañables e interminables sesiones de cantar en familia, de contar picardías…
“…pues allí nos tienes, haciéndonos arrumacos en el portal. Mientras que el señor que quería entrar, dándose cuenta de que nosotros nos estábamos poniendo aún más ciegos de lo que éramos. Pero no atreviéndose a interrumpir, se quedó allí parado, esperando…
… cuando comprendió que se iba a quedar pasmado, porque iba para rato la refriega, se atrevió a decir, tímidamente, claro:
- Perdonen, si no les importa, se apartan un poco. Es que tengo que entrar…”
Aquellas tardes de domingo después de comer, en las que , con ilusión , cogido de la mano de mi madre, nos encaminábamos hacia tu casa para pasar allí la tarde y reír, reír, cantar, bailar y volver a contar las historias mil veces repetidas y con ellas otra vez a reír.
Gracias a que tu hija se ha esforzado en cuidar de ti, de llevarte y traerte a visitar a tu hermana, hemos podido seguir compartiendo y disfrutándote.
Ahora, que sigues teniendo esperanzas en que el Atlético de Madrid te de otra alegría como la del triplete, para pasársela por las narices a alguno, te diré que gracias a ti, también soy un poco del “Aleti”.
Toda una vida llena de anécdotas. Toda una vida llena de vida que deseo recordar para siempre.

1 comentario:

  1. Intentaré que se lo lean, gracias por hacerme recordar.

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