LA VIDA SIN PRISA. TIC-TAC. TIC-TAC...

La vida es un tic-tac que se puede llenar con una redonda, o con dos blancas, o con cuatro... Todo estará bien siempre que sea con algo que merezca la pena y ... sin prisa.

jueves, 26 de abril de 2012

El nombre de las casas.

Lo más probable es que sea ésta una de esas ideas que se te meten en la cabeza y, que a fuerza de repetirlas en voz alta, se convierten en verdades absolutas. No lo sé, pero el caso es que yo lo creo y que además lo practico.
A las casas hay que ponerles nombre.
¿Por qué?
Las casas, al albergar a personas, se quedan impregnadas con el tiempo de algo de ellas y viceversa. Ese es uno de los motivos para darles nombre. Por otra parte, es mejor reconocer una casa por el nombre que alguien legitimado para ello, les haya puesto, que hacerlo simplemente por el nombre de la calle y su número. A efectos administrativos, esto está bien, pero haciéndolo así, se despersonalizan.
Mi amiga Maribel le pone nombre a sus coches. Debe ser por alguna razón parecida a las mías, Conozco a Bruno y a Darío y me caen bien.
Hay casas que, por su importancia, se conocen mundialmente por su nombre: El Palacio Real de Madrid es eso, el Palacio Real, y no la finca nº tal de la calle cual.
¿Quién está legitimado para ponerle nombre a una casa?
No lo sé, pero el caso es que eso se sabrá si el nombre arraiga en sus sucesivos moradores. O visitantes.
Yo le he puesto nombre a varias casas.
Para algunas si debía estar legitimado porque el nombre ha permanecido en el tiempo. “El Palomar” es el nombre que le di a la casa en que nací.
“Palomar” a secas es el nombre de la casa donde vivo. Y es en la primera en la que me atreví a ponerlo en la fachada. Luego vendrían otras.
“Ca Gasparolo” es el nombre de la casa en la que nació y vivió Maribel y que era la casa de sus padres.
Lo de estar legitimado para poner nombre a las casas es importante. Por lo menos tenemos que tener el permiso de los que sí lo estén.
Cada cual puede hacer lo que le venga en gana, estaría bueno que si le ponemos a una persona el nombre de Angustias, no íbamos a ponerle a una casa el nombre de “Villa no sé qué…”. Faltaría más, pero eso de villa…, creo que no lo haré yo.
En cierta ocasión, nos atrevimos, Maribel y yo, a llevarles a unos amigos las letras en cerámica para que le pusiesen nombre a su casita en la sierra. Pues bien, con el tiempo y las obras, se ve que no cuajó el nombre y ahora figura otro, que es sólo parte del que había.
No sé porqué, pero tenía que hablar de estas cosas..

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